Comentaba hace unos días la escasez de libros que traten el tema de la música cristiana en español, mucho menos la música que se hace desde la Iglesia Católica, y si aún restringimos más a los que tratan el tema de lo que llamamos “Música Cristiana Contemporánea” o “Música para la Evangelización”, nos encontramos con el desalentador panorama de que, hasta donde yo sé, no hay en nuestro idioma ningún libro que hable sobre tal ministerio.
El panorama no es mucho mejor si hablamos de las huellas de Dios en la música “Pop”, entre los artistas que escuchamos día sí y día también en radio, televisión, en nuestras cadenas musicales, reproductores MP3, cuando hacemos las compras en el supermercado o en cualquier tienda… ¿me dejo algún sitio? Sería más sencillo indicar dónde no se escucha música en nuestro mundo.
En esta cultura inmersa en pentagramas más o menos afortunados, donde millones de canciones pueblan casi cualquier aspecto de nuestra realidad, los mensajes que se envían desde las canciones (y desde la vida de los artistas) son muy diversos. Ciertamente existen algunos estudiosos que han publicado libros analizando los contenidos de la canción moderna, sus mensajes, historias, etc. Así, a vuelapluma, recuerdo varios tomos titulados “Veinte años de canción en España” y “Voces y canciones de autor” de Fernando Lucini, en los que específicamente trata la realidad de los cantautores en nuestro país a los largo de 3 décadas; también la “Historia de la música Rock“, de Jordi Serra i Fabra, “La década dorada del Rock and Roll“, de J. A. Hidalgo, entre muchos otros. No es que sea una bibliografía muy amplia, pero existe. Otro tema es que sean fáciles de encontrar en nuestras librerías.
Dios también tiene una presencia en la música secular. Positiva o negativamente, más o menos explicito, de refilón o con una presencia importante en una determinada canción, el hecho religioso es uno más de los temas que se tocan en los textos de las canciones que escuchamos. Cuando son en castellano podemos ser más o menos conscientes del mensaje, como cuando, por ejemplo, escuchamos a Alejandro Sanz cantar :”Si hay Dios, seguramente entiende de emoción“. Cuando son en otro idioma, especialmente el omnipresente inglés, lo normal es que los mensajes que se cantan pasen completamente desapercibidos al escuchante español o latinoamericano. A casi todos nos suena el hecho de que U2 sean más o menos cristianos y eso se refleje en sus textos, pero, ¿es tan conocido que grupos como Queen tienen canciones que se titulan “We’re All God’s people” (”Todos somos el pueblo de Dios“), por poner un ejemplo rápido? No entro acá a valorar el contenido (en positivo o negativo) de los textos, sólo indicar que, como realidad humana, la espiritualidad también tiene su espacio en la música popular.
Después de esta larga introducción, quisiera presentaros una “joya” que, desgraciadamente, va a pasar prácticamente desapercibida para la gran mayoría del público lector. El libro se llama “Bob Dylan: Dios y Jesucristo, ¿una provocación?” y es un libro tan recomendable como poco conocido, desafortunadamente.
Ahora que comienza la jornada
ponemos en tus manos
lo que este día nos deparará:
el trabajo cotidiano,
la gente con la que nos encontraremos,
los proyectos y las ilusiones,
las risas, la esperanza,
todo lo que en él vamos a hacer
para mejorar nuestro mundo
y acercar tu Reino.
Llena, Señor, nuestra cotidiana existencia,
con la gracia de tu presencia cercana.
Necesitamos que Tú vengas con nosotros,
porque solos no podemos nada.
Gracias, Señor, en esta nueva oportunidad
que nos regalas
para hacer tu voluntad.
Te alabamos y damos gloria
en la maravilla del nuevo amanecer.
No permitas que nuestro egoísmo
gane la batalla hoy.
Danos el coraje y la voluntad necesarios
para andar por tu camino
durante toda la jornada.
Sólo así, cuando al final del día
volvamos a tu presencia, podremos decirte:
“Aquí está nuestra vida, Señor.
Tú nos la diste y a ti te la entregamos.
Nuestros frutos han crecido gracias a Ti”.
En Cehegín (Murcia), en el concierto que comentaba en el artículo anterior. Panorámica de las primeras filas, con el escenario al fondo. Martín Valverde comparte con Kiki Troia a los teclados un momento más acústico del concierto, dando un pequeño respiro a los músicos y al coro. La gente totalmente absorta con los mensajes de Martín.
(Por si no os habéis dado cuenta… pinchando en el título de los artículos del Foto-Blog accedéis a la imagen a mayor escala).
El concierto que tuvo lugar en Cehegín (Murcia), el 20 de Octubre de 2007, fue especial por muchas razones. Nos juntábamos bajo el mismo escenario Martín Valverde, Kiki Troia, Nico Montero y un servidor. Pero no estábamos solos: nos acompañaban en el escenario una banda compuesta por 5 grandes músicos y un coro de 17 voces.
Apostar por un evento completamente en vivo y con tanta complicación como éste fue una empresa arriesgada asumida por Trovador. El conseguir congregar a 1.300 personas en este concierto, casi un milagro. Aún hoy en día, ocho meses después del concierto, seguimos recibiendo mensajes de aquél evento.
El periódico “La Vanguardia“ publicó el cuatro de abril de 2008 un artículo que es digno de mención. Su autor es Lluís Foix, antiguo director de dicho periódico. La información recogida en él es, sencillamente, estremecedora. Ojalá provoque nuestra reflexión. Lo copio acá tal cual, sin más comentario… se comenta él solo.
La alarma global se ha disparado. No es la crisis financiera que infunde inseguridad y miedo en el mundo desarrollado. Es la hambruna que se adueña de amplias regiones del planeta y que llega a afectar a 33 países.
Las escenas escabrosas de miles de haitianos marchando al grito de “tenemos hambre” por las calles de Puerto Príncipe el pasado fin de semana presagian una crisis mundial mucho más inquietante que la de la energía o de la economía.
La hambruna se da cuando un país o una zona del mundo no posee suficientes alimentos y recursos para alimentar a su población. La tasa de mortalidad se dispara por la desnutrición. El Proyecto Hombre de las Naciones Unidas da cuenta que cada día mueren 24.000 personas en el mundo por hambre.
El ex secretario general de la ONU, Kofi Annan, ha descrito esta “calamidad como una de las peores violaciones de la dignidad humana“. Los alimentos son cada vez más escasos y caros y millones de personas no pueden adquirirlos. Las 200 personas más ricas del mundo tienen tanto dinero como el 40 por ciento de la población global. Una consecuencia de este desequilibrio es que unos 850 millones de personas se van a la cama cada noche hambrientos.
La crisis alimentaria tiene causas muy variadas pero identificables. Para citar sólo algunas se pueden mencionar los millones de personas desplazadas por guerras, el crecimiento constante de la población mientras la extensión de tierras cultivables disminuye.
Hace unos días escribía sobre Felipe Huete y la experiencia que vivimos el 2 de Junio de 1991 en El Astillero (Honduras), donde vivió este gran Delegado de la Palabra que murió baleado.
En Agosto de 2004, al final ya de nuestra estancia en Honduras, pudimos volver a recorrer aquellas tierras por segunda vez. Fue un viaje relámpago, un regalo el poder contar con un coche que nos llevara “de excursión” a aquellos parajes que pateamos 13 años antes. Viajamos hasta allá Asun, Luismari y yo.
Honduras, 12 de Julio de 2004. La casualidad (Divina Providencia) hizo que, mientras yo estaba en Cuyamel (con el Equipo de Misiones de los Paúles de Zaragoza), mi querido hermano en la fe y en el ministerio Luis Enrique Ascoy cantase en Puerto Cortés, en el Instituto “Sagrado Corazón de Jesús”, de la parroquia de los Padres Paúles, con motivo de la celebración del décimo aniversario de la radio católica “Radio Luz”.
A la semana siguiente sería yo quien bajara a cantar al mismo sitio. Pero, estando tan cerca Cuyamel de Puerto Cortés (a unos 30 kilómetros), y habiendo tan pocas oportunidades de platicar con Ascoy en vivo y en directo (él en Perú, yo en España, siempre nos encontramos en los sitios más curiosos cuando nos juntamos para cantar…), no me resistí a ir a verle y compartir con él aquella tarde.
Hay canciones cristianas que se han hecho universalmente conocidas y que, con seguridad, sabemos tararear o su melodía nos es familiar. Por ejemplo, “Noche de Paz“, villancico que todos cantamos en el tiempo de Navidad.
Otra de estas canciones que han superado a su autor es “Amazing Grace (Gracia sorprendente)” canto que algunos podrían identificar, por su estilo, con los cantos Espirituales Negros que cantaba la comunidad afroamericana en los terribles tiempos de la esclavitud.
Nada más lejos de la realidad. No es una composición de personas afroamericanas. Su autor se llama John Newton [1725-1807]. La historia de Newton es curiosa: antes de su conversión al cristianismo, era un marino inglés que traficaba con esclavos africanos, y que ejerciendo este vil oficio quedó cojo al recibir un arponazo en una pierna. Tras una experiencia transformadora, Newton cambió radicalmente de vida, y fue conocido como defensor de la libertad y los derechos humanos tanto por cristianos como por no cristianos. Puedes leer aquí otra Biografía de John Newton.
Leamos la letra de este himno:
Amazing grace! (how sweet the sound)
That sav’d a wretch like me!
I once was lost, but now am found,
Was blind, but now I see.
Twas grace that taught my heart to fear,
And grace my fears reliev’d;
How precious did that grace appear,
The hour I first believ’d!
Thro’ many dangers, toils and snares,
I have already come;
’Tis grace has brought me safe thus far,
And grace will lead me home.
The Lord has promis’d good to me,
His word my hope secures;
He will my shield and portion be,
As long as life endures.
Yes, when this flesh and heart shall fail,
And mortal life shall cease;
I shall possess, within the veil,
A life of joy and peace.
The earth shall soon dissolve like snow,
The sun forbear to shine;
But God, who call’d me here below,
Will be forever mine.
When we’ve been there ten thousand years,
Bright shining like the sun,
We’ve no less days to sing God’s praise
Than when we first begun.
Maravillosa gracia (qué dulce sonido)
la que salvó a un desgraciado como yo.
Estaba perdido, mas fui hallado.
Estaba ciego, pero ahora veo.
La gracia enseñó a mi corazón a temer,
y me liberó de mis miedos;
¡Cuán preciosa aquella gracia,
en la hora en que creí por primera vez!
A través de muchos peligros, trabajos y trampas,
he pasado ya;
y hasta hoy su gracia me ha mantenido a salvo,
gracia que me llevará al hogar.
Las promesas de Dios son buenas,
su palabra asegura mi esperanza;
Él será mi escudo y parcela
mientras dure mi vida.
Sí: cuando esta carne y corazón falle
y la vida mortal cese,
poseeré, dentro del velo,
una vida de la alegría y paz.
La tierra pronto se disolverá como nieve,
el sol parará de brillar.
Pero Dios, quien me llamó,
estará por siempre conmigo.
Cuando llevemos allí diez mil años,
brillando como el sol,
no quedarán menos días para cantar alabanzas a Dios
que cuando comenzamos a hacerlo.
La gracia, el amor y el perdón de Dios fueron capaces de llenar le corazón de un ser pecador y miserable. ¡Admirable Dios, que no tiene memoria como la de los hombres, pues no sólo perdona (y perdona a todos y siempre) sino que, incluso, olvida que ha perdonado. Lo del “perdono pero no olvido” no vale con Dios. Él mismo nos dice: “No te acuerdes del ayer, no pienses en las cosas del pasado“, “Voy a hacer algo nuevo” (Is 43, 16-19): ésa es la promesa de Dios. Y Dios siempre cumple sus promesas.
Dios se sirve de quien quiere y como quiere. Hasta de un grandísimo pecador que descubrió el amor infinito de nuestro Señor.
Dios necesita al hombre para continuar su obra. ¡Qué grande es Dios que utiliza a los hombres para la construcción de su Reino!
¡Qué admirable nuestro Señor quien, a través de la composición de Newton, tocó (y toca) el corazón de millones de personas!
La canción superó al autor. Muchos reconocen el himno, pero muy pocos oyeron hablar de su autor. Y esto es algo habitual con otras muchas canciones cristianas que podríamos nombrar.
Es por esto que traigo a colación el canto: Quienes nos dedicamos (o se quieran dedicar) a la música cristiana, debemos de tener siempre presente este principio: Dios es el actor, nosotros sus instrumentos. Podremos vivir (y, de hecho, vivimos) experiencias que nos hablan de personas transformadas por la música cristiana. Y esto es signo de que Dios quiere hacer cosas grandes por medio del Arte Cristiano. Pero acostumbrémonos a hacer el trabajo humilde; como obreros en la mies del Señor, él hará fructificar nuestro esfuerzo.
Amigos músicos: seamos como el burro que acarreaba a Jesús, entrando a Jerusalén: llevemos a Jesús, a quien todos saludan y vitorean ¡Hosana!. Portemos al Señor: Él es quien merece el honor y la alabanza. El “burro” que se crea que le están aplaudiendo a él, por muy artista que sea, por mil canciones espirituales que componga y cante, no estará cumpliendo con su labor de llevar al Señor a los demás, de anunciar el Evangelio. Será, más bien, un platillo estridente (1 Cor 13, 1).
Sintámonos contentos si nuestra obra sirve para atraer al hombre hacia Dios. Y si nadie conoce nuestro nombre, aún cuando canten nuestras canciones, sintámonos doblemente contentos: nada enturbiará al único y verdadero autor, de quien todos bebemos: nuestro Dios Padre, Hijo y Espíritu.
Algunas interpretaciones de “Amazing Grace”
Son muchas las interpretaciones que se pueden descubrir des esta canción en Internet (particularmente en YouTube). Os invito a escuchar las siguientes:
Chris Tomlin es un artista evangélico estadounidense que nos ofrece en este vídeo una versión acústica de la canción.
Naturally Seven es un maravilloso septeto vocal de Nueva York. Aquí les escuchamos en una impresionante versión con muchos toques jazz:
Whitney Houston es una de las grandes divas de la canción Soul, caída en desgracia últimamente por su adicción a las drogas y su turbulenta vida sentimental y familiar. En su discografía podemos encontrar varios cantos cristianos. En este vídeo la vemos cantar “Amazing Grace” en Johannesburgo (Sudáfrica):
Mahalia Jackson es, sin duda alguna, la más importante cantante gospel del siglo XX. En este video nos ofrece su personal versión del canto:
Y, para no hacer la lista muy larga… terminamos con una versión para que sonriáis un poco:
Si vives mirando hacia el sol, no verás las sombras. Helen Seller
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