Un mes leyendo libros electrónicos
Hace algo más de un mes comentaba mi adquisición del lector de libros electrónicos Sony PRS 505 en uno de mis viajes más allá de nuestras fronteras; no he querido comentar más la experiencia de su uso hasta haber dejado pasar un razonable tiempo y comprobar sus pros y sus contras.
Quizás lo primero que haya que decir es que esta tecnología, este tipo de gadgets, mejorará ostensiblemente en poco tiempo. No quiere decir esto que el aparato sea malo, en absoluto, sino que, al usarlo, uno se da cuenta de las mejoras que le gustaría ver introducidas y que, sin duda alguna, veremos pronto en futuras generaciones de lectores electrónicos.
¿Es una vía de futuro? Sin duda. Con evidente paralelismo a lo que está pasando con los MP3 y los soportes tradicionales de música, los lectores electrónicos relegarán, en un futuro próximo, los libros de papel a las estanterías de las bibliotecas y usaremos estos aparatos con toda naturalidad para leer libros, e incluso para estudiar en los colegios.
Respecto al aparato en general, comentar que el tamaño es correcto, aunque una pantalla con una o dos pulgadas más no estaría mal tampoco. Evidentemente, hay que buscar un equilibrio entre portabilidad y legibilidad, y la pantalla de 6 pulgadas cumple bien la función, dando el aspecto y tamaño de texto habitual de un libro de bolsillo. La pantalla gris es, a mi parecer, excesivamente oscura. Supongo que tendrá que ver con la tecnología de tinta electrónica que usa; supongo que esto, también se irá viendo corregido con el paso del tiempo. Al no estar disponible el aparato en España aún, todos los menús vienen “de fábrica” en inglés. Nada especialmente complicado, de todas maneras, y ya hay usuarios del aparato que han publicado actualizaciones que permiten ponerlo completamente en castellano.
Vayamos primero con los “extras”: el lector Sony PRS 505, además de leer libros, tiene un reproductor de MP3 y un visor de imágenes.
- El visor de imágenes es un añadido prescindible, ya que las imágenes sólo se ven en escala de grises. Nada añade y, aparte de las imágenes de muestra que ya venían con el aparato, ni siquiera he añadido alguna otra imagen para mirar.
- Con respecto al reproductor MP3, he de decir que me ha sorprendido la calidad del mismo. No tengo un reproductor MP3 independiente, y si alguna vez he ido escuchando MP3 ha sido con el teléfono móvil, cuya calidad dejaba bastante de desear. Sin embargo, la calidad en el Sony me ha parecido buena. Aún así, se echa en falta, al menos, un ecualizador y, también, un organizador de MP3, pues aparecen tan sólo como una lista, sin permitir búsquedas por autor, disco, etc. Este es un punto que deberá mejorar; posiblemente las mejoras puedan venir en actualizaciones de Firmware, si es que Sony se pone un poco las pilas.
El punto fuerte del gadget es, evidentemente, la lectura. Aquí es donde cualquier buen aficionado a la misma puede saborear las ventajas y ver las limitaciones del aparato y, en general, de esta tecnología, que da sus primeros pasos.
- La pantalla, decía, es demasiado oscura a mi gusto. No obstante, el contraste para la lectura es suficiente. La tecnología usada para la visualización de los textos es la llamada “tinta electrónica“, que minimiza considerablemente el cansancio que produce la lectura en pantalla. La resolución del texto es muy buena y no desmerece a la de un libro de papel. La pantalla no es táctil, pero tampoco lo veo necesario: los botones de navegación cumplen bien con su función.
- Uno de los puntos fuertes del aparato es la posibilidad de escoger entre tres tamaños de letra. Si el tamaño normal nos resulta costoso de leer, podemos ampliar su tamaño hasta dos veces. Me he acostumbrado a leer con el tamaño mediano, más grande que el de un libro normal. El tamaño grande es, decididamente, demasiado grande.
- El “cambio de página” le cuesta menos de un segundo; la lectura es, pues, continua y cómoda.
- Respecto a la capacidad de almacenamiento, el aparato viene con una memoria interna de algo más de 200 megas, suficiente para almacenar varios cientos de libros. Además, cuenta con dos ranuras de expansión para tarjetas de memoria tipo SD y la nativa de Sony (Sony Memory Stick) que admite cada una hasta 16 gigas de datos, me parece. Suena raro, pero en tan sólo una de estas tarjetas se podrían almacenar todos los libros que he leído y leeré en toda mi vida, y más. El pensarlo me provocó una inquietante sensación de transitoriedad…
- El Sony viene con menús que permiten buscar por título, autor, fecha, colecciones… entre todos los libros que tengamos almacenados. La navegación en estos menús es correcta. Permite, también, “marcar” páginas para continuar a posteriori la lectura. Evidentemente, estas facilidades nos permiten leer simultáneamente dos o más libros.
- Respecto a la duración de la batería… dicen que varios miles de páginas vistas. Ciertamente, en ningún momento el indicador de carga ha bajado siquiera de la rayita de carga completa. No es un aparato, desde luego, que se vaya a descargar en poco tiempo. Creo que lo he tenido hasta 5 días sin cargar, y usándolo, sin que se haya notado lo más mínimo.
- El aparato admite archivos de múltiples formatos: LRF (nativo de Sony), PDF, etc… El PDF no da un resultado muy aceptable.
- El software que viene con el aparato, para su conexión al ordenador (por USB que, a su vez, sirve para cargar la batería) es sumamente decepcionante. Apenas podemos traspasar archivos del ordenador al aparato y poco más. Por fortuna, ya hay aplicaciones Freeware que se están dedicando a subsanar este problema, como Calibre, del que ya hablaré en próximas ocasiones.
Respecto a los libros disponibles… en Internet la biblioteca de libre distribución es, sencillamente, apabullante. Tan sólo en Cervantes Virtual hay material para estar … ¿siglos? leyendo. Igualmente, en infinidad de páginas hay libros, trabajos, artículos, proyectos… que se ofrecen para su libre distribución.
En este mes de trasteo con el lector electrónico he leído unos 10 libros… Quizás parezca mucho, pero hay que contar que he estado mucho tiempo en el hospital, simplemente esperando o acompañando a mi padre; y, también, que hoy en día el Sony va conmigo a todas partes y, bien andando por la calle, en el tren o bus, no hay más que sacarlo y aprovechar la travesía para leerse algunas páginas.
En resumen: un notable. Estoy contento, no me parece un aparato caro y, para los que gustan de leer, tendrán en él un buen compañero de viaje. Muchos cientos de miles de páginas se pueden acumular en su memoria y en sus escasos 200 gramos de peso.
Sin duda, lo recomiendo, aunque sé que en pocos años la tecnología mejorará tanto que hará de este lector un dinosaurio. Aún así, habrá cumplido, dignamente, una buena función.
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