La Biblia al pie de la letra
Ayer compré un libro titulado “La Biblia al pie de la letra” de A. J. Jacobs, libro que evidentemente aún no he leído (tan sólo ojeado por encima). Dejo para más adelante, pues, el comentario sobre el contenido. La imagen que ilustra esta entrada corresponde a una edición en inglés, no he encontrado en Internet ninguna imagen un poco grande de la edición española (publicada por Ediciones B, en su colección No ficción, Crónica).
En resumen, el libro surge de una pregunta: ¿Qué sucedería si un hombre de hoy en día se decidiera a vivir tal y como dicta la Biblia, literalmente, siguiendo todas y cada una de sus regulaciones? La cuestión no es baladí, cuando hay un importantísimo porcentaje de cristianos que creen en la literalidad bíblica, sin ningún tipo de estudio crítico ni exégesis de la Palabra de Dios.
Del autor y este libro en particular encontré este comentario en Internet:
A. J. Jacobs, un agnóstico escritor de Estados Unidos, asume y cuenta en un nuevo libro el reto de vivir durante todo un año siguiendo literalmente todos los preceptos de la Biblia, incluidos ocho meses al estilo del Antiguo Testamento.
Para A.J. Jacobs, escritor de la revista “Esquire”, lo del periodismo de inmersión es una cruz arrastrada con cierto gusto y bastante reconocimiento. Hace tres años publicó un libro sobre la aventura intelectual de leerse de principio a fin -44 millones de palabras- la Enciclopedia Británica. Esta temporada vuelve a las librerías de EE. UU. con un volumen basado en la experiencia de vivir un año completo siguiendo la Biblia de la forma más literal posible, incluidos ocho meses al estilo del Antiguo Testamento. Un reto de proporciones épicas para cualquier creyente pero especialmente para alguien como Jacobs, un judío de Manhattan no practicante y agnóstico.
Interesado en explorar el papel de la religión en el mundo -y con la asesoría de un selecto grupo de rabinos, sacerdotes y reverendos- el autor ha intentado poner en práctica y aplicar los más de setecientos preceptos, enseñanzas y consejos que contiene la Biblia. Lo que desde un punto de vista estético ha supuesto crecer una robusta barba durante 381 días y vestirse casi como figurita de nacimiento. Pero también replantearse su comportamiento cotidiano y su adormilada espiritualidad.
De acuerdo a sus propias confesiones, nunca mejor dicho, el mayor reto de su experiencia ha sido no tropezar con la codicia, la mentira o el cotilleo. Según explica Jacobs “son pecados relativamente pequeños pero realmente matadores ya que mi año bíblico me permitió descubrir lo increíblemente habituales que son”. Aunque la mayor lección de su experimento ha sido que “tu comportamiento modifica tus creencias, si uno actúa como una buena persona, eventualmente uno se convierte en una buena persona”.
Con todo, “El año de vivir bíblicamente” no es exactamente una elaborada trivialidad. Sobre todo, cuando las encuestas indican que un cincuenta por ciento de los estadounidenses cree que la Biblia es la palabra literal de Dios, empezando por el Génesis. Lo que, según Jacobs, plantea el problema de que tomarse literalmente las Sagradas Escrituras puede conducir a actuar como un perturbado mental, apedreando adúlteros o comiendo insectos.
Uno de los preceptos que el autor ha seguido al pie de la letra, junto a no mezclar fibras diferentes en la vestimenta o combinar carne y lácteos en un mismo plato, es aquello de “creced y multiplicaos”. Durante este año de epifanías continuas, su esposa, Julie, ha dado a luz gemelos. En retrospectiva, Jacobs no tiene ninguna duda de que la Biblia es muchísimo más difícil que la Enciclopedia Británica. Con el agravante de que su trabajo, como periodista en Nueva York, no le ayuda tampoco mucho con la codicia, la vanidad, las mentiras y las murmuraciones.
Tomado de ABC.es
El libro me recordó un texto anónimo que leí hace algunos años y en el que, basándose en similares premisas, contestaba a Laura C. Schlessinger (psicóloga) acerca de algunas opiniones que había vertido en un medio de comunicación estadounidense apoyándose en textos del Antiguo Testamento (concretamente del libro del Levítico). Evidentemente todo es una hipérbole: no hay que olvidar que la Palabra de Dios se escribe en un contexto histórico y desde ese contexto tenemos que entender también lo que Dios nos revela en su Palabra. Pero no deja de ser interesante pensar en las consecuencias que tienen una mala interpretación bíblica, como es verificable históricamente en las perversiones que se han vivido la historia de la Iglesia o, como hemos sufrido en épocas recientes, a dónde nos pueden llevar los fundamentalismos acríticos, no sólo desde la Fe cristiana, también desde otras confesiones religiosas. Copio el texto, pues, desde esta premisa e insistiendo, una vez más, en la necesidad de profundizar en nuestra Fe y en el conocimiento de la Palabra de Dios, desde Jesucristo (primero) y desde un estudio hermenéutico que nos enseñe a valorar cada versículo contextualizándolo (segundo).
Querida Dra. Laura:
Gracias por dedicar tantos esfuerzos a educar a la gente en la Ley de Dios. Yo mismo he aprendido muchísimo de su programa de radio e intento compartir mis conocimientos con todas las personas con las que me es posible. Por ejemplo, cuando alguien intenta defender el estilo de vida homosexual me limito tan sólo a recordarle que el Levítico, en sus versículos 18, 22, establece claramente que la homosexualidad es una abominación. Punto final.
De todas formas, necesito algún consejo adicional de su parte respecto a algunas otras leyes bíblicas en concreto y cómo cumplirlas:
- Me gustaría vender a mi hermana como esclava, tal y como indica el Éxodo, 21, 7. En los tiempos que vivimos, ¿qué precio piensa que sería el más adecuado?
- Levítico 25, 44 establece que puedo poseer esclavos, tanto varones como hembras, mientras sean adquiridos en naciones vecinas. Un amigo mío asegura que esto es aplicable a los mexicanos, pero no a los canadienses. ¿Me podría aclarar este punto? ¿Por qué no puedo poseer canadienses?
- Sé que no estoy autorizado a tener contacto con ninguna mujer mientras esté en su período de impureza menstrual (Lev 15, 19-24). El problema que se me plantea es el siguiente: ¿cómo puedo saber si lo están o no? He intentado preguntarlo, pero bastantes mujeres se sienten ofendidas.
- Tengo un vecino que insiste en trabajar en el sábado. Éxodo 35, 2 claramente establece que ha de recibir la pena de muerte. ¿Estoy moralmente obligado a matarlo yo mismo? ¿Me podría apañar usted este tema de alguna manera?
- En Levítico 21, 20, se establece que uno no puede acercarse al altar de Dios si tiene un defecto en la vista. He de confesar que necesito gafas para leer. ¿Mi agudeza visual tiene que ser del 100%? ¿Se puede relajar un poco esta condición?
- La mayoría de mis amigos (varones) llevan el pelo arreglado y bien cortado, incluso en la zona de las sienes a pesar de que esto está expresamente prohibido por Levítico 19, 27. ¿Cómo han de morir?
- Sé gracias a Levítico, 11, 6-8 que tocar la piel de un cerdo muerto me convierte en impuro. Aún así, ¿puedo continuar jugando al fútbol si me pongo guantes?
- Mi tío tiene una granja. Incumple lo que se dice en Levítico 19, 19, ya que planta dos cultivos distintos en el mismo campo, y también lo incumple su mujer, ya que lleva prendas hechas de dos tipos de tejido diferentes (algodón y poliéster). Él, además, se pasa el día maldiciendo y blasfemando. ¿Es realmente necesario llevar a cabo el engorroso procedimiento de reunir a todos los habitantes del pueblo para lapidarlos? (Lev 24, 10-16). ¿No podríamos sencillamente quemarlos vivos en una reunión familiar privada, como se hace con la gente que duerme con sus parientes políticos? (Lev 20, 14).
Sé que usted ha estudiado estos asuntos con gran profundidad, así que confío plenamente en su ayuda. Gracias de nuevo por recordarnos que la palabra de Dios es eterna e inmutable.
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