Tú eres el Dios de los pobres…
En mi primer viaje a Estados Unidos, allá por el año 1991, una de las cosas que más me sorprendió fue la presencia de telepredicadores evangélicos en la televisión. Después de un primer pensamiento tipo “mira qué bien, acá los medios de comunicación también sirven para evangelizar“, en seguida me encontré con la decepción de unas personas que continuamente pedían dinero, supuestamente para “apoyar sus ministerios”, alegando, después, que Dios bendeciría con prosperidad económica a quien fuera generoso. Similares situaciones y argumentos me fui encontrando en otras ocasiones, ya no sólo en Estados Unidos, también en otros países americanos donde la pobreza es muchísimo más severa.
Traigo esto a colación de una noticia que publica la agencia de noticias Zenit, titulada “La teología de la prosperidad, nueva amenaza en Latinoamérica“. No tan nueva, diría yo, cuando desde hace bastantes años conocemos estos eventos.
El obispo Victor Hugo Palma, de Guatemala, denunció durante su intervención en el Sínodo que “más allá del grave fundamentalismo en las sectas se trata de servicios religiosos pseudocristianos que como expresión del antropocentrismo cultural e incluso existencial de la actualidad, utilizan la Biblia para proponer ideas de progreso material, de reinvención de sí mismo, de conocimiento de caminos de anulación del dolor, etc. Especialmente en regiones pobres o emergentes de América Latina, la necesidad de una cosmovisión económica y para algunos, necesariamente religiosa, que ayude a superar los conflictos de pobreza, corrupción administrativa, frustración económica, inseguridad ciudadana, etc., crea un campo fértil para la mercadotecnia de la llamada ‘teología de la prosperidad’“.
Básicamente, esta anticristiana “teología de la prosperidad” tergiversa el auténtico sentido de la Palabra de Dios y viene a decir que la riqueza, el éxito en los negocios, etc., es un signo evidente del favor de Dios.
Una pequeña historia que podría ponerse a modo de ejemplo
(tomado de la Web de la Iglesia evangélica de Valencia):
Doña Gloria no falta a ningún culto de su nueva iglesia de la cadena de la prosperidad. Todos los lunes, puntualmente, va al templo a orar por la prosperidad, pues hace algún tiempo su negocio iba de mal en peor. En un culto de esa iglesia halló la explicación de su infortunio: los malos espíritus se habían apoderado del espacio de su panadería y pastelería.
Como la mejoría no iba a la medida de su voluntad, Gloria empezó a presionar al señor. Esto le habían enseñado en su nueva iglesia. “Presione al señor, porque él fue quien prometió riquezas a sus hijas e hijos”, decía el pastor.
“Si usted no tiene éxito, insista ante el señor y mire si su fe no es demasiado débil”. De esta manera, el pastor descargaba a su iglesia de responsabilidad por la falta de éxito, transfiriéndolo al creyente y a la divinidad.
Cuando el negocio empezaba a salir de la crisis, un nuevo hecho amenazó con echar todo por los suelos. Agentes de la oficina tributaria le aplicaron una cuantiosa multa. Doña Gloria estaba evadiendo impuestos.
Para continuar su actividad, tuvo que pagar los impuestos no pagados. Esto, naturalmente, afectó el capital de su empresa. Pero el éxito en los negocios confirmó su fe en el señor glorioso de la prosperidad.
Luego de un tiempo de relativo éxito, su competidor más cercano cerró su tienda. Entonces, doña Gloria fue al templo a dar testimonio público de que el señor había bendecido ricamente, pues las ventas habían aumentado sustancialmente.
Agradecida, renovó su adhesión a la cadena de la prosperidad. Durante siete semanas entregó al templo un sobre con siete reales (aproximadamente dos dólares). Al cumplir su promesa, que sumaba unos 49 reales (alrededor de 14 dólares) recibió una porción de sal bendita, que debía esparcir por el interior de su tienda, a fin de impedir la entrada de los malos espíritus del fracaso.
Posteriormente, doña Gloria tuvo que comparecer ante un tribunal laboral. Una de sus empleadas la denunció por no pagar horas extras y faltas a la salubridad en su tienda. La multa fue onerosa. Además, una nueva competidora abrió una panadería en el local de la que habían cerrado.
Viéndose ante nuevas dificultades, doña Gloria, indignada, dijo a sus empleadas que las bendiciones le llegarían de cualquier manera, aunque tuviese que arrojar la Biblia al suelo y zapatear encima de ella. Lo cual, de hecho, ocurrió unos meses más tarde.
Ahora doña Gloria es una mujer bendecida. Ha abierto dos nuevas panaderías. El señor le ha dado éxito. Por eso participa en todas las campañas de la cadena de la prosperidad. Religiosamente, asegura, entrega al señor el diezmo de todos sus ingresos. Y afirma ser una mujer bendecida.
Ante las amenazas de los nuevos sin sabores a causa de los competidores, que no tienen la misma fe, doña Gloria vuelve a presionar al señor de este siglo. El señor conoce la fuerza de sus oraciones. Su santa palabra puede volver a sentir el impacto de los pesados pies de doña Gloria.
Pero no solo el señor vive bajo las amenazas de doña Gloria. Sus empleadas también. La que no se somete a las órdenes de doña Gloria se encuentra con un pie en la calle en una época en que conseguir empleo es muy difícil.
Además sus bendiciones siguen creciendo, con horas extras no pagadas e impuestos evadidos.
La mano invisible del mercado, que se confunde con la mano del Señor, lleva prosperidad a doña Gloria. Pero no derrama bendiciones sobre sus empleadas, dice una de ellas.
Gloria tiene su propio señor.
En la agencia de noticias Adital (Agencia de Información Fray Tito para América Latina) podemos leer una breve reseña, ya en el año 2002, de título “Los banqueros de Dios o la teología de la prosperidad” que, entre otras cosas, señala que este “discurso teológico (…) dice que lo que en los últimos 20 años se ha extendido por América Latina (en realidad empezó en Estados Unidos en los años 60), es realmente una apología de la prosperidad estadounidense, como canon para medir si una sociedad es cristiana o no“.
¿Qué dice la Biblia?
Obviamente, como ya he indicado, toda esta teología es un despropósito. Acercarse a la Palabra de Dios es descubrir a un Dios que que nos pide que basemos nuestra vida en el amor y en la búsqueda “del Reino de Dios y su justicia”, y todo lo demás se recibirá como añadidura. En este sentido, podemos repensar la historia de Job.
Nuestro Dios está a favor de los pobres, aunque no quiere la pobreza.
Algunas citas bíblicas para la reflexión:
- Prov 11, 28: El que confía en sus riquezas caerá; Mas los justos reverdecerán como ramas.
- Prov 28, 20: El hombre de verdad tendrá muchas bendiciones… Mas quien se apresura a enriquecerse no será sin culpa.
- Prov 23, 4-5: No te afanes por hacerte rico; Sé prudente, y desiste. ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas como alas de águila, y volarán al cielo.
- Prov 19, 1: Mejor es el pobre que camina en integridad, Que el de perversos labios y fatuo.
- Prov 28, 6: Mejor es el pobre que camina en su integridad, Que el de perversos caminos y rico.
- Prov 15, 17: Mejor es la comida de legumbres donde hay amor, Que de buey engordado donde hay odio.
- Job 31, 24-28: Si puse en el oro mi esperanza, Y dije al oro: Mi confianza eres tú; Si me alegré de que mis riquezas se multiplicasen, Y de que mi mano hallase mucho; Si he mirado al sol cuando resplandecía, O a la luna cuando iba hermosa, Y mi corazón se engañó en secreto, Y mi boca besó mi mano; Esto también sería maldad juzgada; Porque habría negado al Dios soberano.
- Sal 37, 16: Mejor es lo poco del justo, Que las riquezas de muchos pecadores.
- Mt 6, 19-21: No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
- Lc 12, 15: Y les dijo: Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes.
- Mt 6, 24: No podéis servir a Dios y a las riquezas.
- Mt 6, 25-33: Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? …Y por el vestido, ¿por qué os afanáis?… No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
- Mt 8, 20: El Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.
- 1 Tim 6, 9-10: Porque los que quieren enriquecerse, caen en tentación y lazo, y en muchas codicias locas y dañosas, que hunden á los hombres en perdición y muerte. Porque el amor del dinero es la raíz de todos los males: el cual codiciando algunos, se descaminaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.
- Fil 4, 11: He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación,
- Fil 4, 12: Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.
- St 2, 5-6: Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman? Pero vosotros habéis afrentado al pobre.
Una reflexión final
Estoy seguro que mi estimado amigo el P. Mitxel Olabuénaga añadiría, desde su ser docente, la idolatría que supone, desde el culto al bienestar y al dinero, el basar nuestra vida, nuestras preferencias laborales, nuestro desarrollo personal, en definitiva, no en nuestra vocación particular, sino en lo que más beneficio económico nos pueda dar en el futuro. Así, ¡cuántas carreras universitarias, cuántos oficios se han elegido porque “así ganaré más”! Ejemplos conocemos todos. Me viene a la memoria un conocido que estudió Económicas, aunque no le gustase la carrera, porque tendría un futuro más estable que estudiando Bellas Artes, que es lo que a él le hubiese gustado.
La idolatría al dinero campa a sus anchas en nuestro mundo, también entre nosotros, creyentes. Ser consciente de esto es un primer paso.
Termino con unos pensamientos (de origen anónimo). Tienen miga:
El dinero te puede comprar..
Una cama pero no sueño.
Libros pero no sabiduría.
Comida pero no apetito.
Adornos pero no belleza.
Atención pero no amor.
Una casa pero no un hogar.
Un reloj pero no tiempo.
Medicina pero no salud.
Lujo pero no cultura.
Asombro pero no respeto.
Póliza de seguros pero no paz.
Diversión pero no felicidad.
Un crucifijo pero no un Salvador.
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