Predicantores (segunda parte)
La primera parte está disponible en este enlace. Esta segunda parte es básicamente unos apuntes esquemáticos que escribí hace ya varios años, cuando me pidieron dar un taller sobre Música y Religión.
La música, medio de comunicación y concienciación
La música moderna transporta mensajes. Cada canción incorpora en sus entrañas una opinión, una historia, incluso una cosmovisión: una visión del mundo y de sus distintas facetas.
Pongamos un ejemplo: cuando escuchamos a Alejandro Sanz cantar “No es lo mismo”:
No es lo mismo ser que estar
no es lo mismo estar que quedarse, ¡que va!
tampoco quedarse es igual que parar.
las referencias poéticas que incluye este texto nos hacen pensar en una determinada manera de ver el mundo, en una dinámica de presencia activa que determina, también, nuestra forma de vivir y nuestra manera de pensar. Lo mismo que pongo este ejemplo podrían ponerse múltiples más. Ciertamente no todos tienen ni el mismo nivel de intensidad ni la misma carga poética o de contenidos. Pero incluso desde la canción mas ñoña o insulsa se puede tejer una tabla de mensajes.
Está claro que la canción es un medio poderoso de concienciación, por no decir, en ocasiones, “adoctrinamiento”. Cuando vemos en algunas películas de género a soldados cantando sus himnos en su preparación, o al ir a la batalla, estamos presenciando la adhesión de la persona al grupo y a la misión, utilizando las canciones. Lo mismo se podría decir de los himnos nacionales, o de las canciones de tribus urbanas juveniles que se identifican, no sólo con el estilo musical, sino con una determinada filosofía de vida que se trasluce, también, en los textos.
Música, cultura y Fe
Si la música refleja, de alguna manera, la realidad social y cultural humana, es lógico pensar que la trascendencia, el hecho religioso, aparezca también en la música. Y, ciertamente así es, tanto desde una visión positiva como negativa. Existe un libro titulado “Hungry for heaven: Rock ‘N’ Roll & the Search for Redemption” (Hambiento de cielo: El Rock and Roll y la búsqueda de la redención), de Steve Turner, muy recomendable pero desgraciadamente no traducido al español, publicado en 1995, que trata con bastante profundidad el hecho religioso en la música rock (la tapa de este libro ilustra esta entrada).
A mucha gente puede sorprenderle el hecho de que la mayoría de los innovadores en el rock’n'roll y música moderna han tenido influencias religiosas en sus vidas. Hay algunas referencias obvias en este sentido:
- Elvis Presley y el pentecostalismo.
- La conversión de Bob Dylan al cristianismo.
- Cliff Richard y su sincera fe anglicana.
- Marvin Gaye y sus ambiciones espirituales.
- Las incursiones seudomísticas de los Beatles en meditación orientalista, específicamente la relación de Harrison con la secta Hare Khrishna.
- La deuda del soul a la música gospel.
- Van Morrison.
- Tina Turner y la fe budista.
- M. C. Hammer.
- Whitney Houston.
- Boyz II men.
- Michael Jackson fue en una temporada de su vida, un devoto seguidor de las creencias de los Testigos de Jehová.
- U2 y su relación con grupos cristianos.
- Tanto Elvis como Jerry Lee Lewis adaptaron conscientemente los estilos de los predicadores y cuartetos gospel.
- Ray Charles tradujo los espirituales al soul.
- Little Richard popularizó la glosolalia e incluso se hizo ministro pentecostal.
- James Brown tomó los manerismos y fervor del evangelismo.
- Buddy Holly enseñó armonía coral a los Crickets al estilo que lo hacían los coros de las iglesias. Antes de morir estaba planeando grabar un disco de música gospel. De él dijo su biógrafo John Goldrosen: “Su propia fe religiosa permaneció como una gran fuerza en su vida. De hecho, no es difícil ver una fuerte línea cristiana en la actitud de fe y paciencia que colorearon sus canciones“.
Hay una creencia generalizada de que el espíritu del cristianismo y el “espíritu” del rock’n'roll no se mezclan bien. Desde sus orígenes, el rock ha sido considerado una música provocativa, que incita a la rebelión, a la subversión de los valores sociales más arraigados. El Rock ‘n’ Roll se relaciona con una postura rebelde de los jóvenes ante la sociedad adulta a muchos niveles: social, familiar, sexual y, también, en contra de una serie de creencias religiosas que afectan a la raíz moral y espiritual de las personas, como son las religiosas. La frase “Sexo, drogas y Rock ‘n’ Roll” ha sido famosa desde el comienzo de su andadura, hace 50 años, como un grito de liberación en contra de una sociedad demasiado atada a sus normas.
La dimensión religiosa del hombre aparece por doquier en toda manifestación cultural o artística. Es evidente en la pintura, escultura, ópera, música clásica, etc. El teatro o el cine de contenido religioso también es bien conocido de todos; incluso los grandes directores se han preocupado por la persona de Jesús. En cambio, en la música moderna (rock, pop, etc) parece haber un vacío; al menos, no se oye hablar demasiado de las preocupaciones religiosas de sus intérpretes, y en la temática de las canciones parece que, a priori, poco tiene que ver la trascendencia con “esas cancioncillas de amor y sexo”. De hecho, lo que se escucha más acerca del Rock es esta especie de materialismo, de libertad total a todo trance, sin preocuparse excesivamente de otras cuestiones que no sean la propia diversión.
Nacido hace 50 años, el rock es más que un estilo musical; para muchos jóvenes parece constituir todo un modelo vital, que afecta a su comportamiento familiar y social; a su rendimiento escolar; a sus concepciones estéticas; a su visión de la sexualidad; etc. El músico se convierte, así, en algo más que intérprete: es amigo, ídolo, guía.
La música en general es un instrumento dotado de un enorme poder de persuasión, capaz de influir mucho en las actitudes, los estados de ánimo, las emociones y los actos humanos. En particular, la música moderna es un poderoso vehículo comunicador de ideas. No podemos desestimar la tremenda influencia que tiene sobre los oyentes (y un altísimo porcentaje de la audiencia tiene menos de 25 años). Es indudable que las manifestaciones y puntos de vista del artista influyen notablemente en sus seguidores. De esta forma, es muy probable que, si un determinado artista dice “blanco”, miles de seguidores empiecen a pensar en “blanco” también.
Tampoco podemos olvidar que, lo que comenzó siendo una rebelión juvenil ante la sociedad occidental, capitalista, pronto fue absorbido por el mismo sistema que lo utilizó en su provecho, abriendo un mercado anteriormente insospechado. Actualmente, y ya desde hace bastantes años, el Rock no es tan sólo un ritmo o estilo musical. Es verdaderamente un fenómeno más complejo. En los albores de su historia fue considerado como una rebeldía pasajera. Pero no fue así.
La música juega un papel relevante en el estilo de socialización. A medida que el adolescente adquiere independencia, puede encontrar en la música rock modelos alternativos respecto a la sexualidad y los estilos de vida. Su identificación con un determinado estilo musical puede ser el signo de un cierto grado de rebelión contra la autoridad, o una vía de escape ante sus conflictos con los padres; o bien puede estimular sentimientos de distensión, relax y seguridad en situaciones y ambientes nuevos.
Según algunos autores, el auge de la música rock y la contracultura influyeron decisivamente en la secularización de la sociedad. Incluso, los conciertos de Rock aparecen como auténticas ceremonias religiosas:
- “Los conciertos de Rock son las iglesias de hoy en día. La música eleva a la gente a un plano espiritual. Toda la música es Dios“. Craig Chaquico, guitarrista de Jeferson Starship.
- “Sus ‘reuniones de alabanza’ son los conciertos, su ‘Biblia’ son los textos de las canciones, los instrumentos sirven de púlpitos y su ‘evangelio’ es un estilo de vida sin valores“. Alfonso Galvano, ministro evangélico.
Graceland, la mansión de Elvis, se ha convertido en un auténtico centro de peregrinación para cientos de miles de fans que anualmente visitan la casa donde vivió su ídolo. Cuando estos mismos fans aseguran que Elvis sigue vivo, están constatando un hecho cuasi religioso. “Su humilde lugar de nacimiento en Tupelo (Mississippi) es su establo de Belén y la Mansión Graceland en Elvis Presley Boulevard es su vía Dolorosa. Los turistas de todas partes (500.000 al año) entran en tropel para ver sus alfombras peludas y techos espejados, como si haciéndolo quedaran espiritualmente refrescados” (Cf. Hungry for Heaven, Steve Turner, 15).
Se ha calculado que entre los 12 y los 17 años los adolescentes estadounidenses escuchan esta música durante 10.500 horas, un tiempo sólo ligeramente inferior al transcurrido en el colegio.
Al contrario que la televisión, que a veces difunde programas culturales y está sujeta a cierto control por parte de los padres, la música está a disposición del joven sin interferencias.
Es por tanto, indudable el poder de la música rock, y de los artistas que la hacen. Pero es precisamente por este poder por el que los músicos de rock han sido particularmente sensibles a la religión (”Habiendo sentido el júbilo celestial producido por simples notas en una audiencia perceptiva, y habiendo recibido alabanza, se sienten más sensibles para mirar más allá de ellos mismos“. Steve Turner, Hungry Heaven, 15). Pero en el rock, como en otras facetas artísticas, además del ansia por Dios, está el ansia por ser Dios.
[Continuará...]
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