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Héroes anónimos

Enviado por Javier F. Chento on Martes, 17 Junio 2008Un comentario

Asun y Luis Mari son dos héroes anónimos, grandes amigos, y hermanos en la Fe a los que confiaría y confío mi vida. Nos conocemos desde prácticamente mi adolescencia, desde nuestras aventurillas por la sierra de Letur, en Albacete.

En la foto les vemos a los dos con una cipota en Cuyamel (Honduras), en Julio de 2004.

Luis Marí es sacerdote paúl. Misionero integral, apasionado de Jesucristo y del anuncio del Evangelio, es actual director del Equipo de Misiones. Dicen que “de casta le viene al galgo“, y esto es especialmente cierto en el caso de Luis Mari; de familia numerosa, todos sus hermanos, excepto uno, son consagrados. Ya es de por si extraordinario que, en una familia de seis hermanos, tres sean sacerdotes y dos Hijas de la Caridad. Pero lo más extraordinario es la calidad humana y cristiana de todos ellos y cómo Dios se vale del humano barro para hacer cosas grandes.

  • Desde el mayor, Jesús, que después de entregar toda su vida como misionero en Filipinas (”bueno, mamá… ¡hasta que nos veamos en el cielo!“, así se despidió de su madre de joven, recién ordenado misionero camino a Filipinas) volvió a España y, ya jubilado, aún sigue muy activo y ejemplarmente testigo de lo que un sacerdote paúl debe de ser.
  • …pasando por Javier, tan cercano, equilibrado y organizador, y un apoyo en mil proyectos.
  • …como Mari Ángeles, Hija de la Caridad trabajadora e incansable, luchando siempre por los derechos de los inmigrantes en Barcelona. Como, seguro, su otra hermana, Maribel, a quien no tengo el gusto de conocer.
  • …también José, el seglar y “el más santo” (como dicen sus propios hermanos), agricultor y con su casa siempre abierta para acoger a todos sus hermanos y los muchos acompañantes…

Y Luis Mari, apasionado por Jesucristo, siempre dispuesto a patearse los pueblos que haga falta de nuestra geografía para animar comunidades, reavivar la Fe en parroquias y levantar los espíritus decaídos. Tan listo a dar una charlita, como a payasear bailando y haciendo chistes, o a “perder” el tiempo escuchando a los demás y siendo apoyo en las penas. Un auténtico sacerdote, puente entre los hombres y Dios, un ejemplo del seguimiento a Jesucristo en los pasos de San Vicente de Paúl. Y, además, músico: siempre con el acordeón al lado, para animar cualquier encuentro, componiendo canciones para animar las celebraciones de Fe o los encuentros con niños y jóvenes…

Asun es seglar, una cristiana de las que se toman en serio el Evangelio y hacen que su vida gire alrededor del Resucitado en todos los sentidos, hasta sacrificando su vida personal para llevar las Buenas Noticias a todo hombre y mujer. Pronto harán los 25 años de su caminar misionero en España y en Honduras, entregando prácticamente nueve meses al año únicamente a esta misión: proclamar el amor de Dios, consolar a los corazones caídos, ir de casa en casa, en cada pueblo que acoge una misión, invitando a “ver y escuchar“, como los discípulos de Juan, lo que Dios tiene reservado para todos nosotros. Siempre con una sonrisa en la boca, la mano tendida, su incansable tesón y una palabra amiga.

Héroes anónimos los hay, y muchos. Testigos del Evangelio que no salen en noticias ni tienen presencia en Internet. Son como la sal que da sabor a nuestras comidas: nadie la ve, pero está ahí y sin ella la comida no sabría igual. Es más: sin ellos, la Iglesia no sería.

Como decían los amigos de Brotes de Olivo en una canción: “Que sea mi vida, la sal, que sea mi vida la luz, sal que sala, luz que brilla…“. Y que el testimonio de aquéllos que lo son, entre luces y sombras, sea para nosotros punto de apoyo y ánimo en las dificultades.

¿Tienes gente así a tu alrededor?… Agradécele a Dios la bendición y, también, a ellos.

Gracias, Luis Mari y Asun, por ser como sois. Que Dios os bendiga.

Un comentario »

  • Amaya ha dicho:

    Se te han quedado muchas cosas en el tintero, pero bien sabemos que las tienes todas en tu corazón, y otras muchas que no conocemos y que están en el corazón de Dios (lo mejorcito que nos puede pasar).
    Conozco otro héroe anónimo, que canta y hace cantar… mira en el espejo…

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