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Música y Religión

Enviado por Javier F. Chento on Jueves, 29 Mayo 2008Sin comentarios

Música y Religión” es el título del recién editado libro del teólogo suizo Hans Küng, publicado por Editorial Trotta coincidiendo con el 80 cumpleaños del teólogo.

Copio la sinopsis de presentación del libro:

Desde su condición de «melómano comprometido» pero sin renunciar a la visión del teólogo, Hans Küng analiza en este libro la relación entre música y religión, a las que separa una sutil y delgada frontera. ¿Puede la música ser medio de expresión y fuente de la fe religiosa? ¿Puede la vivencia religiosa de la música ser una apertura a la trascendencia?

Para iluminar estas cuestiones, Küng se ocupa con tres grandes compositores que suponen para él «todo un reto intelectual y artístico»: Mozart, Wagner y Bruckner. Se pregunta no sólo por su religiosidad personal, sino por la presencia de la religión en su obra. Pues en estos músicos la religión ocupa un lugar significativo, ya se trate de la peculiar vinculación de Mozart con el catolicismo y su plasmación en las misas que compuso; de los dramas musicales wagnerianos Parsifal y El ocaso de los dioses, situados entre la crítica social y el anhelo de redención; o de las sinfonías brucknerianas, nacidas de la tensión entre religiosidad y modernidad.

Estos ensayos de interpretación quedan enmarcados por una Obertura, exordio sobre música y religión, y un Final sobre arte y sentido que ensancha la cuestión religiosa hasta tocar las artes plásticas. Quiere así el presente libro lograr una pequeña sinfonía, una consonancia de sus distintos tiempos capaz de proporcionar al lector una mejor comprensión tanto de la música como de la religión.

He leído con interés en libro, en una vuelta rápida con la intención de, más adelante, releerlo y anotarlo con más tranquilidad. El libro se articula en cinco bloques temáticos: Introducción, Mozart, Wagner, Bruckner y Final. Es claro, entonces, que el recorrido se realiza, fundamentalmente, a través de la vida y obra de estos autores y, por tanto, de lo que conocemos con la expresión “Música clásica“, en general.

Hay que decir es que Hans Küng no es un autor sencillo. Sus libros de teología suelen ser profundos tratados poco recomendables para el no iniciado en el estudio de la Teología. Con este nuevo libro pasa, en cierta manera, lo mismo. El lenguaje utilizado es denso, a veces complejo.

No obstante, es una lectura recomendable para quien quiera conocer las sutiles y complejas relaciones y colaboraciones entre la música y la religión.

Breve biografía de Hans Küng

(Sursee, 1928) Sacerdote y teólogo católico suizo, uno de los más controvertidos del pensamiento católico contemporáneo. Se licenció en Filosofía en 1951 y cuatro años después en Teología en la Universidad Pontificia de Roma; en 1954 se ordenó sacerdote, y en 1957 se doctoró en la Universidad de París con una tesis en la que investigaba y desarrollaba la relación de Karl Barth con el catolicismo.

Comenzó su vida laboral como párroco en Lucerna y posteriormente obtuvo una plaza en la Universidad de Tubinga, donde comenzó a dar clases en 1960 en la Facultad de Teología católica. Küng promovió con insistencia la necesidad de una reforma de la Iglesia Católica y Juan XXIII lo nombró teólogo conciliar, por lo cual participó activamente en el Concilio Vaticano II.

Abogó por un acercamiento real entre la Iglesia católica y la protestante, y defendió la necesidad de una apertura de la Iglesia al mundo moderno, para lo cual debían transformarse necesariamente sus estructuras, ya que, según él, es imposible lograr una paz en el mundo si antes no se consigue una paz entre las distintas religiones. Las posturas de Küng fueron haciéndose cada vez más radicales, lo que trajo como consecuencia que en 1979 la Congregación para la Doctrina de la Fe Católica dictaminara que no podía continuar ejerciendo la docencia en la Universidad, hecho que, no obstante, levantó numerosas protestas internacionales. En 1994 se analizó de nuevo su caso y se falló en contra de lo que la Congregación había dictaminado en 1979.

Relato breve de Hans Küng en su 80 cumpleaños

El siguiente texto, del que es autor Karl-Josef Kuschel, vicepresidente de la Fundación Ética Mundial, hace una semblanza de la vida y la obra de este pensador.

Son todavía muchos, demasiados incluso, los contemporáneos que ven en él sobre todo al crítico del tiempo actual, del papa y de la Iglesia: Hans Küng, el cosmopolita de raíces suizas afincado en Tubinga. A unos esto se les antoja demasiado poco católico, a otros les parece católico en exceso. Es así como muchos alimentan su imagen de él y no quieren saber más. Se cree que ya se le ha entendido sólo con estar al tanto de su continua presencia en los medios de comunicación. Pues Hans Küng se caracteriza por hablar de manera directa y despreocupada, con frescura y sencillez…

Y sin embargo, esta impresión superficial es engañosa. En realidad, Hans Küng no es sólo incómodo y poco complicado, sino que sobre todo requiere esfuerzo. Esfuerzo en el sentido de exigencia para con aquellos que quieran entrar a fondo y con rigor en su obra científica. Esta obra se ha ido gestando a lo largo de cincuenta años. Década tras década ha ido tratando las cuestiones candentes de la época, con una amplitud de miras y una solidez en su indagación científica que no tienen parangón. Los lectores de Küng se ven envueltos en diálogos entre espíritus que solicitan de ellos una entrega intelectual completa: diálogos tanto con los grandes teólogos de la cristiandad (desde Agustín, pasando por Tomás de Aquino y Lutero, hasta Schleiermacher y Karl Barth) como con los grandes filósofos de Occidente (desde Descartes, pasando por Hegel, hasta Nietzsche y Popper). Esto supone un alto grado de familiaridad con estos maestros del pensamiento, una paciente penetración intelectual de sus obras y un afán prácticamente inagotable de búsqueda, estudio, análisis y comunicación. ¿Afán? No. Es el puro goce en el conocimiento sistemático lo que impulsa el pensar de Küng, la satisfacción por el pensamiento ordenado en medio de la confusa pluralidad de los fenómenos, el complacerse en comprender siempre de nuevo la herencia de otros tiempos como tarea del presente.

Visto desde la imagen que se tiene de él a través de los medios de comunicación, Küng podría parecer un velocista del gusto contemporáneo. Visto desde su obra científica, es en realidad un corredor de fondo del espíritu, un hombre de largo aliento, capaz de concebir ideas con consecuencia conceptual y con una inusitada aptitud para el trabajo creativo. Al comienzo de este exigente camino del pensar hay un libro que ya reporta al joven Hans Küng, en 1957, el máximo respeto en el gremio teológico y en los círculos eclesiásticos: una tesis doctoral —escrita todavía en los tiempos más fríos de la neoescolástica ante las narices de Pío XII en Roma— dedicada al mayor teólogo protestante de su tiempo: Karl Barth. Osado, sin llegar a ser aventurero, y con desparpajo, sin llegar a ser irresponsable, este libro de un principiante en teología tiene la pretensión de mostrar nada más y nada menos que un consenso en la cuestión que había hasta ese momento escindido a la cristiandad en lo más hondo: la justificación del hombre sólo mediante la fe. De repente, protestantes y católicos se encontraban en un asunto cardinal más cerca de lo que cabía pensar. Y desde entonces no desaprovecha Hans Küng la menor ocasión para mostrar, punto por punto, en otras cuestiones disputadas, un consenso teológico de base, o para inspirar ese consenso y requerir de los dirigentes eclesiásticos que, de una vez, se tomen en serio la superación de la división en la Iglesia.

En las dos últimas décadas Hans Küng se ha perfilado sobre todo como un pensador avanzado sobre muchas cuestiones relacionadas con las grandes religiones mundiales. Él sabe mejor que casi nadie que a comienzos del tercer milenio, en la sociedad global única, las religiones mundiales se han convertido en factores de la política mundial. La paz mundial depende en buena medida de la influencia de las religiones mundiales en las culturas del mundo. Hans Küng ha abierto nuevos campos de diálogo con el hinduismo y el budismo, así como con el judaísmo y el islam. Ha creado nuevos diálogos entre espíritus y ha inspirado a otros para hacer lo mismo. Los grandes «fundadores» de las religiones mundiales —Buda, Confucio, Moisés, Jesús, Muhammad— ¿en qué se diferencian y qué tienen en común? Los tres grandes sistemas-río religiosos de la humanidad —de origen hindú, chino y próximo-oriental— ¿cómo han configurado la historia y el presente de cientos de millones de seres humanos? Los grandes pensadores del hinduismo y del budismo, difíciles y extraños a nosotros, Shankara, Madhva, Ramanuja o Nagarjuna, ¿cómo comprenderlos y hacerlos comprensibles a una cristiandad occidental de forma que se hagan posibles trasvases espirituales de Oriente a Occidente y de Occidente a Oriente? ¿Y cómo encontrar patrones éticos comunes que puedan ser compartidos por personas de todas las grandes tradiciones éticas y religiosas de la humanidad: un ethos humano, una ética mundial?

La gran obra de Hans Küng es exigente, como ingente es el movimiento de transferencia del saber que ella emprende. Pero quien, en busca de las huellas del conocimiento, se sumerja en esta obra, aprenderá a querer la teología, sobre todo en su conexión con la ciencia comparada de las religiones, como una gran aventura del espíritu. Y como algo más imprescindible que nunca si se pretende entender mejor la complejidad cultural y religiosa de nuestro mundo. Un ciudadano del mundo afincado en Tubinga y de raíces suizas ha ido por delante en el pensamiento de lo que muchos tienen todavía pendiente.

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