Diario de viajes 02: 6 de Junio de 1991
Martes, 6 de Mayo de 2008 por Javier F. Chento
Los días pasan rápido. En tres días me he hecho una idea de la aldea en la que el padre Jesús Martínez Sanjuán y yo estamos ahora, Flores de Leán. Económicamente viven algo mejor que las personas de La Ceibita y alrededores, en el departamento de Cortés, donde estuve el mes de mayo. Culturalmente también creo que van mejor que en otros sitios. Los profesores son buenas personas, muy queridas por el pueblo. Uno de los profesores, René, me ha pedido que le ayude con sus estudios de Matemáticas de la Universidad, está en tercero de carrera.
Comencé a escribir el “diario del viaje” cuando ya llevaba un mes en Honduras. Llegamos a Honduras el 2 de mayo, y en seguida nos trasladamos, por equipos, a la primera zona donde íbamos a estar, que en nuestro caso (el Equipo de Misiones Populares de los PP. Paúles de Zaragoza, al que pertenezco) fue la parroquia de Río Lindo, con todas sus aldes. Allí nos dividimos en grupos más pequeños. La Ceibita fue la primera aldea donde estuvimos sor Elba (de Centroamérica), el P. Ánder y yo. En próximas entradas aparecerá una retrospectiva de la estancia por aquellas aldeas.
A lo largo de un gran río se van asentando pequeñas aldeas: Flores, Paris, Sombra Verde… de gente agradable y acogedora, como lo es en general todo el pueblo hondureño.
Religiosamente la Iglesia Católica está pasando por un mal momento. Las sectas han minado el ánimo de muchos católicos, que han dejado la Iglesia. Desgraciadamente, la confusión creada es enorme. Resulta difícil explicar la confusión de la gente sencilla, que a veces mezcla la religión con la magia y la ley.
La misión “navega” en este mar intentando traer un poco de luz y optimismo a esta gente. Desde el primer día de nuestra llegada hasta ahora creo que se ha notado un aumento de participación, sobre todo de gente adulta. Con los niños va bastante bien la misión, aunque no se han acercado todos los “cipotes” a las reuniones. También ahí se nota la división del pueblo a causa de las creencias religiosas de cada cual.
El fracaso más doloroso ha sido con los jóvenes de la aldea. Apenas nos reunimos 10 jóvenes en una aldea de 500 habitantes, donde se supone que hay más de 100 entre 15 y 25 años. Más que catequesis, vamos teniendo diálogos relacionados con el pueblo y los jóvenes. Hemos charlado sobre algunas creencias de las sectas, y he intentado aclarar puntos oscuros sobre las doctrinas (a veces, ciertamente peregrinas) de algunas de ellas. Por ejemplo, lo de la prohibición de comer carne de cerdo, o carnes sin sangrar, o algunos otros “animales impuros”, amén de la cuestiones del tabaco, el baile, el alcohol, etc… Una auténtica caza de brujas. Son tantas cosas que haría falta una campaña de misión mucho más extensa, sólo para aclarar todas estas cosas. Los dirigentes de algunas sectas nos han llamado “anticristos”, así como a la Iglesia Católica “la bestia”, y demas sandeces apocalípticas. Con los jóvenes también hemos hablado sobre su vida en el tiempo libre, su forma de divertirse, sus expectativas de futuro, cómo de puede mejorar su pueblo, etc. Hoy iré al billar a echar una partida con algunos jóvenes.
La Iglesia Católica convive con otras Iglesias evangélicas compuestas por hermanos creyentes sinceros y honestos. Además, están las sectas. Diferencio, porque lo uno nos es lo mismo que lo otro. Cuando escribía estas anotaciones no estaba refiriéndome a las Iglesias evangélicas o protestantes, sino a grupúsculos de inspiración más o menos cristiana y con tintes sectarios, que los hay, y más de los que pudiera parecer. Atan a sus seguidores con pesadas cargas morales, muchas veces peregrinas y muy mal asentadas en la Palabra de Dios, que se distorsiona hasta tal punto de hacerse vida en normas que son lo contrario del mensaje liberador que trajo Jesucristo. Me tocó escuchar alguna ocasión expresiones como “si sufrimos aquí y ahora en este mundo, no hay que preocuparse, puesto que recibiremos nuestra corona en el cielo“. Y, lo siento, pero no.
Seguimos a un Dios encarnado que antepuso la Persona a la Ley. Seguimos a Jesucristo, que anunció “con palabras y con obras” el reinado de Dios, que curó a enfermos, sanó heridas del cuerpo y del alma, que nos enseñó que la Vida es lo más importante. Ante cuestiones como las carnes impuras y semejantes, recordamos las palabras de Pablo en el texto de los Hechos de los Apóstóles: “Lo que Dios ha declarado puro, no lo llames tú impuro“. El mismo Jesucristo nos dice: “Escúchenme todos y entiéndanme. Nada que entre de fuera puede manchar al hombre; lo que sí lo mancha es lo que sale de dentro” (Mc 7, 14-23).
Lo peor de todo, sin duda, el yugo al que atenazan a las personas que normativas estúpidas. Todos sabemos que el tabaco es malo y el alcohol no hace bien en exceso. Pero… “¿¿bailar??”. ¡Dios sea bendito! Ante el legalismo conviene recordar las palabras de Jesús en Mateo 23, 4.
Últimamente me siento más fatigado. Duermo mal y tengo un dolor fuerte en las piernas, como de agujetas, pero no pueden ser porque acá no he tenido grandes caminatas. Esperemos que vaya a mejor. Además, noto con alegría que voy perdiendo michelines a marchas forzadas.
Ayer estuve en París de Leán, una aldea que está cerca y que se visitará la semana que viene. Ellos están ahora reuniéndose en las comunidades familiares. Visité una comunidad familias de las dos que hay. Eran poquitos pero muy animosos, sobre todo el Delegado de la Palabra, Pedro, y la animadora.
A modo de anécdota: perdí 12 kilos en 14 días. Una barbaridad, lo sé. Pero no me sentía mal físicamente, muy al contrario. No obstante, el tiempo acumulaba cansancio y eso se empezó a notar entonces, cuando ya llevábamos tiempo de viajes y peripecias por los queridos pueblitos de Honduras.
Ahora es cuando empiezo a “digerir” algunas de las experiencias pasadas en la parroquia de Río Lindo, de lo que yo he vivido y de lo que me han ido contando otros misioneros. Alguna cosa le he ido contando a María Ángeles en una carta, pero me doy cuenta que no es posible encerrar la riqueza de una experiencia entre papel y tinta. Lo que más me cuesta, lo que más me duele de toda esta situación injusta y no querida por Dios, es el sufrimiento de las personas. Veo niños, jóvenes que no tendrán más futuro que el de sus padres. Las enfermedades campan por doquier. Los casos de desnutrición son salvajes.
Es difícil proclamar la Buena Noticia de la Liberación cuando ves que gran parte del consuelo de esta gente pudiera parecer que sólo les vendrá en la otra vida.
Confío en que las fotografías que estoy tomando me ayuden un poco a explicar la realidad que vivo, cuando vuelva a mi país.
Antes de ayer nos comentaron que el niño que cantó “Soy campesino” delante de la tumba de los 5 asesinados en la masacre de El Astillero, cuando los misioneros paramos allá para rezar, era hijo del Delegado que asesinaron, hermano de otro de los asesinados, y cuñado de otro. ¿Qué puede pasar por la mente de un chaval de 13 años ante una situación así? ¿Se puede hablar de amor cuando hay tanto dolor y rencor entre el pueblo? No sé qué tipo de opresión vivió Israel en Egipto, pero no creo que fuera peor que ésta de vivir obligados a ser pobres.
Dios no quiere esta realidad de miseria. Hay que decirlo claro y alto.
Me acuerdo de vez en cuando de España, de mi familia y amigos. A veces pienso: “Ahora en España estarán durmiendo” y cosas por el estilo. No es morriña: es cariño.
También me acuerdo (¡cómo no!) de La Ceibita, Picacho, Pedernales, Perdices, Vallecito, Loma Larga, Monte Alegre, Quebrada Seca… De la gente que allí conocí y allí dejé… Yo volveré a vivir en España, en condiciones que, por considerarlas normales, no apreciamos. Ellos no conocen siquiera qué es tener luz eléctrica, o zapatos con qué vestir de niños, o tener la oportunidad de asistir a la Eucaristía todos los domingos en sus capillitas.
Voy a intentar sacar algún rato de los que tenemos más libres para componer algo. Algo saldrá, digo yo; por algún sitio tienen que salir tantos sentimientos.
Las jornadas nos traían, diariamente, situaciones complicadas. Recuerdo ahora a Caín, niñito de 4 o 5 años con una realidad lamentable, del que hablaré en próximas entradas. Y con él, la de tantos otros…
En aquellos momentos terminé de perfilar una canción basada en Isaías capítulo 11, “nuevo cielo”. Puedes descargarla aquí: “Nuevo cielo” en MP3
La paz y la justicia se besarán
un niño pequeño nos guiará.
La vaca y la osa
pacerán del mismo prado
jugarán juntos el lobo y el cordero.
La paz y la justicia se besarán.
Unidos los seres descansarán.
No existirán más guerras,
no sufrirán los hombres solos,
pues él enjugará las lágrimas de todos.
Estará con él el espíritu del Señor
guiará a su pueblo por su sendero.
Jugará el cordero con el león.
Ya no habrá tristeza,
se abrirá un nuevo cielo.
Quedará bien claro
que sólo él es Señor.
Jugará el cordero con el león.
La paz y la justicia se besarán.
Unidos los seres descansarán.
La víctima inmolada será Rey eternamente.
Será Jesús el que nos guiará por siempre.
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